por Nuria Sánchez Romanos
Cuando se mueve la cabeza visible de una organización, no se produce un relevo.
Se produce un desplazamiento del punto de mando.
Ese desplazamiento no es simbólico ni narrativo.
Es operativo.
Afecta a qué decisiones se toman, cuáles se posponen y cuáles dejan de ser posibles.
La suposición más frecuente es silenciosa:
que el cambio arriba corrige lo que abajo no funcionaba.
Que basta con ocupar la silla para que el sistema se ordene.
En la práctica, ocurre lo contrario.
El sistema entra en suspensión.
No porque no se quiera avanzar, sino porque no está claro desde dónde se manda.
Un nuevo liderazgo no hereda mando.
Hereda exposición.